La 94ª edición de las 24 Horas de Le Mans coronó al Toyota GR010 Hybrid nº7, pilotado por Kobayashi, Conway y De Vries. Sin embargo, la victoria estuvo a punto de torcerse debido a un problema de sensor que mermó la velocidad punta del coche japonés hasta en 8 km/h, un lastre considerable en el trazado de la Sarthe.
Una obra maestra bajo alta tensión
Este domingo, la bandera a cuadros dio la bienvenida a la victoria del Toyota GR010 Hybrid nº7, pero la tripulación no lo tuvo nada fácil. Detrás del brillante éxito se escondía un persistente problema técnico, revelado tras la llegada por David Floury, director técnico de Toyota. El coche ganador se vio obligado a rodar en «modo de seguridad» en varias ocasiones, afectando directamente a su rendimiento, especialmente en las largas rectas de Le Mans, donde cada décima cuenta.
El Toyota GR010 Hybrid nº7 tuvo que lidiar con un problemático sensor.
Un sensor caprichoso, un quebradero de cabeza para los ingenieros
El problema comenzó en la noche del sábado al domingo. Un sensor, desajustado y generando «ruido» según Floury, perturbaba las mediciones de la FIA. Esta inestabilidad obligaba al equipo a pasar a un modo por defecto y, posteriormente, a reducir la potencia. Si el sensor recuperaba una funcionalidad parcial, desencadenaba una avalancha de alertas, forzando una gestión prudente. «No sé exactamente cuánta potencia perdíamos, pero en ciertos momentos de la carrera, teníamos entre 6 y 8 km/h de diferencia entre los dos coches», precisó el director técnico. Una diferencia significativa que podría haber costado cara en un duelo tan reñido.
Una carrera de obstáculos desde el inicio
La victoria no fue un paseo militar. Ya en las primeras horas de carrera, el Toyota nº7 sufrió un pinchazo lento, que amenazó con hacerle perder una vuelta completa. Este incidente precoz complicó la tarea del equipo.




