Un todoterreno con pedigree de realeza
Antes de que AMG se convirtiera en el brazo ejecutor de las pasiones deportivas de Mercedes-Benz, ya existían colaboraciones que daban lugar a máquinas tan especiales como este Clase G. Fabricado en 1993, este no es un G cualquiera; es una de las 446 unidades del 500 GE V8 AMG, una rareza que además fue encargada por un príncipe saudí con peticiones muy concretas. Un auténtico objeto de deseo para coleccionistas.
Este ejemplar, que recientemente cambió de manos en una subasta de RM Sotheby’s por unos 126.000 euros, no solo brilla por su exclusividad mecánica, sino también por su historia personal. El príncipe Sultán Bin Abdulaziz Al Saud no se conformó con la versión de serie; quiso un Clase G a su imagen y semejanza, directamente desde la fábrica de Affalterbach.
El V8 que despertó al gigante todoterreno
El Mercedes-Benz Clase G, nacido en los albores de los 70 como un vehículo militar y de trabajo duro, comenzó a mutar en los 90 hacia un estatus de icono de lujo y potencia. En esta metamorfosis, AMG jugó un papel crucial. El 500 GE V8 AMG, lanzado en 1993, marcó un hito: fue el primer Clase G en montar un motor de ocho cilindros, un colosal bloque de 5 litros que entregaba unos nada despreciables 237 CV. Una cifra respetable para un coche cuyo ADN seguía ligado a la superación de obstáculos.
La idea inicial era producir unas 500 unidades, pero la cifra final se quedó en 446. Hoy, cada una de esas unidades es una joya rodante. Este ejemplar en particular, con el número de chasis 1669 y fabricado en julio de 1993, tuvo su primera matriculación en febrero de 1994 en Arabia Saudí. Su destino: el garaje del príncipe Sultán Bin Abdulaziz Al Saud.
Un toque real para un todoterreno de élite
La exclusividad de este Clase G no se limita a su escasa producción. El príncipe saudí solicitó una configuración a medida que lo distingue del resto. La carrocería, por ejemplo, luce un color especial denominado ‘Avantgarde Verde’, una tonalidad que figura oficialmente en los registros de Mercedes-Benz como una petición particular. Un verde que, imaginamos, solo un miembro de la realeza podría imaginar para un mastodonte como este.
Pero las modificaciones no se quedaron solo en la pintura. Para albergar unas llantas de aleación AMG de mayor tamaño, se optó por una vía más ancha y unos pasos de rueda ensanchados, dándole una presencia aún más imponente. El interior era una oda al lujo de la época: una combinación de cuero negro y gris se complementaba con inserciones de madera de nogal. Y en cuanto a equipamiento, no faltaba de nada para un cliente de su calibre: climatizador automático, control de crucero, asientos delanteros calefactables y techo solar eléctrico. Todo lo necesario para viajar con el máximo confort, sin importar el terreno.
Restauración de alto nivel para conservar la leyenda
El tiempo y el uso, aunque moderado en este caso, pasan factura. Por ello, en 2025, este ejemplar recibió una restauración mecánica en Obsessive Car Workshop, un taller especializado en Yeda. Los trabajos fueron exhaustivos, abarcando desde el sistema de frenos y la reparación de fugas de aceite en el eje delantero, hasta el sistema de calefacción, el climatizador automático, la bomba y el filtro de gasolina, e incluso el diferencial. Un cuidado minucioso para mantener en forma a esta máquina.
Lo más sorprendente es su kilometraje: en el momento de salir a subasta, el cuentakilómetros marcaba apenas 24.254 kilómetros. Una cifra ridícula para un coche de su edad y concepción. Esta combinación de producción limitada, un primer propietario de altísimo perfil, una configuración personalizada y un kilometraje tan bajo, eleva a este Mercedes Clase G 500 GE V8 AMG a la categoría de pieza de museo rodante, un objeto de deseo para los más puristas y coleccionistas.
El G de lujo: ¿una inversión o un capricho?
Este Clase G AMG no es solo un coche; es una declaración de intenciones. Representa una época dorada donde la personalización de lujo se llevaba a extremos insospechados. Su valor no reside únicamente en los caballos que esconde bajo el capó, sino en su historia, su rareza y el aura de exclusividad que lo rodea. Es el tipo de vehículo que se adquiere no por necesidad, sino por pura pasión y por el placer de poseer algo único.
La inversión de 126.000 euros en una subasta puede parecer elevada para un Clase G de 1993, pero hay que tener en cuenta que no estamos ante un modelo de producción masiva. Se trata de una edición especial, con un motor V8 y con el sello de AMG. Añádele a eso el pedigrí de haber pertenecido a un príncipe saudí y un kilometraje casi testimonial, y entenderás por qué su valor se dispara. Es el tipo de coche que, con el tiempo, probablemente solo aumentará su cotización.
Un legado todoterreno
El Mercedes-AMG G 500 GE V8 es un capítulo fascinante en la historia del Clase G. Demuestra cómo este robusto todoterreno se reinventó para atraer a una clientela de alto poder adquisitivo, sin perder un ápice de su capacidad off-road. La colaboración con AMG elevó su rendimiento, mientras que las personalizaciones de lujo lo convirtieron en un símbolo de estatus.
- Producción limitada: Solo 446 unidades fabricadas en 1993.
- Motorización V8: El primer Clase G en montar un 8 cilindros, con 237 CV.
- Propietario de excepción: Encargado nuevo por el príncipe saudí Sultán Bin Abdulaziz Al Saud.
- Personalización de fábrica: Pintura especial ‘Avantgarde Verde’, vía ancha y pasos de rueda ensanchados.
- Bajo kilometraje: Apenas 24.254 km en su odómetro.
- Restauración reciente: Mantenimiento mecánico completo en 2025.
