La Citroën CX Prestige es un poco como si una nave espacial hubiera decidido aterrizar en nuestro camino, con sus líneas aerodinámicas y su diseño vanguardista. Un modelo que, a pesar de los años, sigue suscitando fascinación y admiración. Sumergámonos en el universo de esta berlina que supo combinar confort e innovación en una época donde el estilo era rey.
Un poco de historia
La Citroën CX es un modelo emblemático de la marca del doble chevrón, lanzada en 1974, justo antes de que la empresa rozara la quiebra. Gracias a Peugeot, que compró parte de las acciones de Citroën, la CX vio la luz y fue la última gran realización de la era Michelin. Este modelo sucedió a la legendaria DS, retomando algunas de sus características técnicas.
Inicialmente, la CX estaba equipada con motores heredados del ID/DS, con potencias que iban de 102 a 112 caballos. Sin embargo, la verdadera innovación se encontraba en su aerodinámica excepcional, que le confería un comportamiento en carretera de lo más agradable. La Prestige, versión alargada de la CX, fue introducida para responder a las exigencias de una clientela elitista, especialmente la de los políticos franceses, incluido el presidente Giscard d’Estaing.
Diseño y espacio interior
La CX Prestige se distingue por su apariencia esbelta y su techo elevado, diseñado para ofrecer el máximo espacio a los pasajeros traseros. Un detalle que tiene todo su sentido cuando se sabe que esta berlina era a menudo utilizada para transportar personalidades de alto rango. Con una distancia entre ejes alargada de 25 cm en comparación con la versión estándar, la Prestige ofrece un confort inigualable, permitiendo a las personas de gran estatura acomodarse sin restricciones.
En el interior, la CX Prestige no escatima en detalles: cuero de calidad, acabados cuidados y equipamientos lujosos forman parte del paquete. Las puertas presentan elementos de plástico ovalados que recuerdan un diseño futurista, donde uno puede jugar con controles tan originales como intrigantes. Los pasajeros traseros incluso disfrutan de ventanas eléctricas y un cenicero, haciendo que cada viaje sea tan agradable como un viaje en primera clase.
Las prestaciones al volante
Desde el punto de vista mecánico, la Citroën CX Prestige ha evolucionado a lo largo de los años. El modelo de 1984 que examinamos aquí está equipado con un motor de 2,5 litros que desarrolla 138 caballos. Aunque no es una bestia de carreras en sí, es capaz de superar los 200 km/h, un logro para una berlina de esta época. Su comportamiento en carretera también es digno de elogio: gracias a su sistema hidropneumático, la suspensión ofrece un confort notable mientras mantiene una buena estabilidad.
Pero atención, la CX no es solo un coche para conducir. También es un coche para saborear, tanto por sus cualidades dinámicas como por el placer de estar al volante. La dirección Diravi, aunque desconcertante al principio, se vuelve rápidamente intuitiva y ofrece una sensación de conducción única.
Un interior que hace espectáculo
A bordo de la CX Prestige, uno se siente como un astronauta en su cabina. El tablero, con su diseño futurista, es un verdadero campo de juego para los amantes de la tecnología. Cada botón parece haber sido imaginado para sorprender e intrigar. La palanca de cambios, aunque colocada de manera tradicional, deja una impresión de originalidad que corresponde al espíritu vanguardista de Citroën.
Los controles de climatización también son un tema de conversación por sí solos: una palanca para la temperatura de un lado y otra para la velocidad del ventilador del otro. Entre las dos, un selector de elevación de carrocería que permite a la CX adaptarse a diversas condiciones de carretera. Una innovación que atestigua la atención al detalle de Citroën y su voluntad de destacarse en un mundo automovilístico en plena transformación.
El prestigio de una rareza
Producida en solo 22,500 ejemplares, la Citroën CX Prestige es hoy un modelo buscado por los coleccionistas. A pesar de su estatus de clásico, sigue siendo asequible en comparación con otros modelos prestigiosos. Su encanto vintage y su carácter único la convierten en una pieza maestra en cualquier colección. Las versiones bien mantenidas pueden alcanzar precios elevados en el mercado, especialmente aquellas con una historia interesante o características particulares.
En resumen, si sueñas con un coche que combine lujo y originalidad mientras es un símbolo de una época pasada, la Citroën CX Prestige podría ser tu santo grial automovilístico. Ya sea que desees ser conductor o pasajero, esta berlina te promete una experiencia inolvidable.
Conclusión
La Citroën CX Prestige no es solo un coche; es un verdadero ícono de su tiempo. Con su diseño audaz, su confort notable y su rica historia, sigue inspirando y maravillando. Entonces, ¿estás listo para embarcarte a bordo de esta limusina futurista?

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