El Dakar, este monumento de la resistencia, a menudo se considera como un simple recorrido de obstáculos para los corredores experimentados. Sin embargo, la última etapa puede resultar fatal, como demostró Ricky Brabec. A pocos kilómetros de la llegada, un simple error hizo naufragar sus esperanzas de victoria, ofreciendo a Luciano Benavides un triunfo inesperado. Una final de infarto que recuerda que nada está nunca asegurado en esta carrera mítica.
Brabec en la encrucijada
A la luz de la última etapa, Ricky Brabec se lanzaba con una ventaja de 3 minutos y 20 segundos sobre su principal competidor, Luciano Benavides. En la mente de los observadores, ya estaba coronado, como un rey cuyo trono parecía al alcance de la mano. Sin embargo, el estadounidense decidió no hacer las cosas a medias al comenzar esta última ronda de 105 kilómetros. Lideró los debates con determinación, multiplicando las buenas decisiones hasta que un simple error de navegación lo arrasó todo.
Cuando cruzó la línea de llegada, la tensión era palpable. Todos recordaban la famosa falla de Laurent Fignon en el Tour de Francia de 1989, perdido por ocho pequeñas segundos. Aquí, se dibujó exactamente el mismo escenario: después de 7,906 kilómetros de lucha feroz, de los cuales 4,748 kilómetros fueron especiales, Brabec vio su ventaja desvanecerse como nieve al sol, terminando por representar solo dos segundos de diferencia. Aterrorizado por la noticia, solo podía constatar la magnitud de los daños.
Una pérdida amarga
En un momento de cruel lucidez, Brabec aceptó su derrota con dignidad. «Justo aquí, a pocos kilómetros de la llegada… No sé. Tomé el camino equivocado a la izquierda. La ruta era corta y a la izquierda, así que tomé a la izquierda. Eso me puso en una mala situación, y ahí está.» Estas palabras resuenan como un eco de los amargos arrepentimientos que todo competidor siente después de haber rozado la victoria. La amargura es palpable mientras confiesa: «Me siento terriblemente mal. Luchamos duro toda la semana y por dos segundos, es ajustado… Pero, no sé, veremos. Es la carrera. Pero necesitábamos una victoria.»
La alegría desbordante de Benavides

Mientras Brabec caía desde la cima, Luciano Benavides se elevaba hacia los cielos, saboreando una victoria que parecía inalcanzable. Para él, el Dakar era un sueño hecho realidad después de nueve participaciones. Con una voz temblorosa de emoción, declaró: «He soñado con esto durante 9 años, es mi noveno Dakar y sí, nunca dejé de soñar y nunca dejé de creer. Siempre hay que luchar por tus sueños y nunca rendirse.»
Continuó: «Hoy, incluso si perdía tiempo y veía a Ricky atacar, me dije: ‘No se acaba hasta el último kilómetro’. Y en el último kilómetro, cometió un error y yo hice lo que tenía que hacer. Es irreal.» El argentino supo aprovechar su oportunidad al vuelo, demostrando así una resiliencia que merece respeto.
Un momento de tensión máxima
El camino hacia la victoria no fue fácil para Benavides. Cuando se dio cuenta del error de su rival, casi pierde la oportunidad inesperada. «Al principio, pensé que era simplemente un ‘turista’, porque solo veía su luz y estaba un poco lejos, pero luego pensé que era una nota difícil, así que reduje un poco la velocidad y lo vi.»
Entendió que debía actuar rápidamente para tomar la delantera: «No podía volver hacia mí, porque estábamos alrededor del lago. Así que aceleré a fondo hasta el final, casi me pierdo la última curva, fue realmente arriesgado, pero logré pasar sin problemas.» Y este riesgo resultó ser rentable, permitiéndole ganar el Dakar con un escaso margen de dos segundos.
Una lección para todos
El Dakar es un inmenso teatro donde se entrelazan la resistencia física y la precisión mental. Cada error puede llevar a una caída vertiginosa de las cumbres a los abismos. Ricky Brabec aprendió esta lección de manera brutal, mientras que Luciano Benavides demostró que siempre hay que creer en tus sueños, incluso cuando todo parece perdido. Ambos pilotos encarnan por sí solos la belleza y la crueldad de esta carrera mítica.
En resumen, esta edición 2026 del Dakar permanecerá grabada en la memoria no solo por su intensidad, sino también por su enseñanza sobre la perseverancia y la resiliencia frente a la adversidad. Al final, es una hermosa metáfora de la vida misma: todo puede cambiar en un instante.


