El Ford XL, este coupé emblemático que ha desfilado por las carreteras americanas desde 1962, se prepara para hacer su reverencia en 1970. Un poco como una estrella de rock que hace su último concierto antes de colgar la guitarra, el XL deja tras de sí una huella indeleble, no sin un toque de nostalgia. Entre su apariencia deportiva y su confort, encarna una época pasada donde la potencia y el estilo reinaban como maestros.
Una subida al escenario fulgurante
El Ford XL apareció en el centro de la escena automovilística en la primavera de 1962, como una respuesta brillante al éxito de los modelos Chevrolet Super Sport. En esa época, los asientos tipo baquet y las consolas en el suelo eran las estrellas del momento. Sin embargo, como una buena película que pierde su brillo después de la primera proyección, el entusiasmo por estos grandes coches comenzó a decaer ante la aparición de modelos compactos y potentes como el GTO y el Mustang. En 1970, el telón cae para el Ford XL, mientras que el lujo y las berlinas brougham comienzan a dominar el mercado, un giro que Ford ya había comenzado con el LTD en 1965.
Taos: telón de fondo artístico
En Taos, Nuevo México, esta obra de arte sobre ruedas encuentra un entorno natural que le sienta maravillosamente. La pátina envejecida de este modelo 1970 se combina perfectamente con la luz y los colores vivos que han atraído durante mucho tiempo a los artistas. Es aquí donde nuestra historia toma un giro inesperado: el lugar y el coche se unen para crear un cuadro vivo donde cada detalle cuenta una historia.
Un legado de rendimiento
La edición XL del Galaxie 500 fue introducida a mediados del año 1962 como parte de la campaña « The Lively Ones » liderada por Lee Iacocca y sus cómplices. Buscaban desesperadamente rejuvenecer la imagen de Ford ante los jóvenes aficionados al rendimiento. La respuesta fue simple: ¡asientos tipo baquet para todos! Incluso la Fairlane Sports Coupe y la Falcon Futura sucumbieron a esta tendencia, tras haber constatado el éxito inesperado del Corvair Monza.
Ciertamente, Ford contaba con motores potentes, pero su oferta carecía de un modelo asequible capaz de atraer a las multitudes, un poco al estilo del V8 de Chevrolet. Añadir asientos tipo baquet a un gran modelo como el Ford de 1962 no iba a resolver esta ecuación compleja. Para dar un impulso a las ventas, Ford tuvo que demostrar ingenio.
Una transformación exitosa
En 1963, Ford revela techos semi-fastback que seducen inmediatamente al público, seguidos de un nuevo eslogan prometedor: « Super Torque ». Aunque estos V8 fueron más conocidos por su par que por su potencia pura, esta estrategia dio sus frutos. El modelo de 1963 se convirtió en el superventas de la serie XL con más de 134,000 coupés vendidos, una cifra que recuerda los mayores éxitos comerciales de la historia del automóvil.
Años de esplendor
1964 marca otro hito con la introducción de un hardtop de cuatro puertas en versión XL, incluyendo incluso asientos tipo baquet en la parte trasera – ¡una verdadera provocación a la Chevrolet SS! Desafortunadamente, este modelo será efímero; desde 1965, Ford se centra en el lujo asequible encarnado por el LTD, dejando de lado las promesas de rendimiento.
A lo largo de los años, el XL evoluciona manteniendo su identidad. En 1968, se convierte en una serie aparte con un nuevo diseño fastback que atrae aún más compradores. Las cifras hablan por sí solas: las ventas pasan de 18,000 a 50,000 unidades para el coupé. Un éxito que se basa tanto en un precio atractivo como en una estética renovada.
Un último suspiro en belleza
Con la edición de 1970, Ford ofrece un acabado « Spectacular Dual Paint » que destaca un capó negro y flancos refinados. Un homenaje brillante antes de que la música se detenga definitivamente. Este último opus del XL deja entrever líneas más refinadas que las del Galaxie estándar, aunque la deportividad y el rendimiento aún están lejos de ser una realidad. Este modelo se impone más como una versión « fastback » del LTD – clase ante todo.
Una mirada al presente
La belleza de este Ford XL encontrado en un aparcamiento detrás del Inn de Taos revela detalles fascinantes. Aunque sus faros ocultos a menudo están desvelados por el tiempo, su diseño esculpido confiere al vehículo una apariencia de alta gama. Su techo tipo túnel-back se inscribe en la tendencia de los años 60, inspirando una elegancia casi nostálgica.
A pesar de algunos signos de desgaste, este modelo sigue siendo una pieza imprescindible para coleccionistas y amantes de los automóviles clásicos. La magia aún opera cuando uno se sienta a bordo: se siente la historia impregnada en cada rincón del habitáculo. Los asientos de vinilo pueden parecer anticuados hoy en día, pero evocan una época donde el confort era rey.
Los tonos cobre y turquesa evocan cálidamente el suroeste americano, mientras que las llantas de aleación hacen que este mastodonte sea aún más imponente. Se puede casi escuchar los ecos de los motores rugientes de las carreras de antaño.
Pasión por los coches clásicos: esto es lo que nos une en torno a estas obras maestras automovilísticas.
En el crepúsculo de su carrera, el Ford XL no se contenta con ser un simple vehículo: es un símbolo de una época donde los coches contaban historias de libertad y potencia. Un monumento que merece ser celebrado antes de que desaparezca totalmente en los meandros del tiempo.


